Por todo el país se esparce tanta historia, tantos rincones dispares y tanta buena gente, que es capaz de complacer cualquier tendencia viajera. Para contemplarlo sólo hay que perderse unos días en la cosmopolita Estambul de los bazares y las mezquitas, curiosear en las viviendas trogloditas de la horadada región de Capadocia, darse un chapuzón en los baños salinos de Pamukkale, recorrer las costas y playas de sus mares, interpretar los restos de Éfeso y troya...En definitiva, imaginar y sentir sobre el terreno lo que en su día fue el gran Imperio de los sultanes.