El viajero encuentra aquí la cara más amable de Oriente Medio. Su magnificiencia nos empequeñece y abruma: la inmensidad del desierto color sanguina, las aguas bendecidas del Mar Muerto, la explosión de vida del mar Rojo, la garganta del valle del Jordán, la enigmática ciudad de Petra, el imponente conjunto monumental de Palmyra, etc.